viernes, 28 de noviembre de 2008

Primera semana

Ya me perdí, ya vi graffitis, ya comí pizza, ya me volví loco en librerías de cadena y en pequeñas librerías que hay en prácticamente todos los barrios. Creo que, salvo cuando estoy con colombianos, no utilizo ya el "usted". Pero a su vez me sorprende la crítica constante de los argentinos. Protestan por todo. Cuando estuve en Plaza de Mayo el martes, había una protesta que llevaba varios meses. Eran soldados veteranos de las Malvinas que buscaban, como el coronel en la novela de García Márquez, que se les reconociera la pensión. A cada rato uno escucha y mira en las paredes (los porteños son maestros en el graffiti, tanto de protesta como de intervención) que Cristina esto, que Macri lo otro, que los Kirchner tal... Y, en parte, la protesta, como decía Jorge Moscato el martes, se convirtió en parte del paisaje. De hecho, él no pudo llegar porque ese día había una manifestación en camino a la casa donde trabajamos en Palermo, y era (¡ríanse!) una manifestación a favor del intercambio humanitario en Colombia. Además, que Buenos Aires sea un melting pot no ayuda mucho. Puede haber protestas en la embajada turca para conmemorar el holocausto armenio, y protestas en la embajada turca para reclamar por la independencia kurda.

En la UBA eso es notorio. Hemos estado en el campus de Puán (Filosofía y Letras), e ir a un baño o simplemente caminar por ahí es, para un bogotano, ineludiblemente parecido a la Nacional. Desde una imagen relativamente grande de cuerpo entero de Mao Zedong, pasando por una crítica al tren bala que los Kirchner quieren construir entre Capital Federal y Rosario (una hora de distancia en carro según Mariana) usando a Lyle Lanley (el célebre vendedor de monorrieles en Los Simpsons), hasta el uso de Blinky (si, el pez de tres ojos que nada en las aguas cercanas a Springfield) para protestar contra la papelera de Botnia en Uruguay.(Nota: Aquí les encantan Los Simpsons. He visto por lo menos tres referencias al programa, ninguna de Homero, en lugares distintos de la ciudad. Se explica, creo, porque todos los fines de semana dan maratones de cinco horas seguidas, con pocas propagandas)

La queja, desde la crisis, es uno de los deportes básicos de los argentinos. Yo, como extranjero, veo el lado bonito. Y sé que hay vainas en Argentina que son una mierda. A uno de los amigos que vive aquí lo atracaron hace poco. Al grupo que iba para La Boca (que, aunque ustedes en Colombia no lo crean, es bastante inseguro) les tocó huir en colectivo cuando vieron a un grupo de niños de quince años máximo dispuestos a atracarlos con toda. Cuando dijeron eso al grupo del PEI, Carlos dijo que eran de los más peligrosos (no dejo de pensar en que los sicarios de Medellín en los ochenta tenían la misma edad). No recuerdo bien cuando, pero hace poco leí de una alemana que robaron en Mendoza y que no fue atendida por los policías hasta una hora después, lo que causo una nota consular de protesta. Y aquí en Recoleta, hace no muchos días, una niña que iba por gaseosas a un quiosco fue violada. Es irónico. Pero, con todo y eso, esta ciudad tiene cosas muy valiosas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario