miércoles, 17 de diciembre de 2008

jueves, 4 de diciembre de 2008

The Pageant of the Bizarre

Anoche estuve en la presentación de los diseños de la cátedra Saltzman en el hipódromo de Palermo. Uno no deja de sentirse abrumado por el diseño de modas, a pesar de que, por lo menos para mi, es un campo totalmente alejado de lo que hago en mi vida. O al menos eso cree uno. Jean-Paul Gaultier, por ejemplo, para El Quinto Elemento, diseñó más de trescientos vestidos. Y en una novela, creo yo, sea o no contemporánea, se debe poner atención al vestido como parte del cuerpo. La ropa, como creación cultural, es parte de lo que uno debe escribir. Más allá de los escarceos de lo erótico con la ropa, en sí mismo lo que uno viste es una parte de la identidad. Es decir, ¿por qué las marcas y los diseñadores insisten en tendencias, influencias y mensajes dentro de su ropa? ¿Por qué, más allá del diseño, unos boxers Calvin Klein y unos Joe Boxer son distintos?

Es la semiosis dentro de la prenda.

Smile. Be different. American Eagle. Slavoj Zizek escribiendo para el catálogo de Abercrombie & Fitch.

Tal vez, y esa es una tarea que me queda pendiente para el futuro, debo escribir más sobre ropa en mis personajes.


Heidi Klum en Project Runway. No pude dejar de pensar en eso mientras veía los diseños. Sólo faltaba que en un momento Nina García y Michael Kors fueran a hablar. Y Tim Gunn caminando por ahí.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

La posibilidad de un sistema-L en las crónicas de viaje de Cees Nooteboom

El escritor holandés Cees Nooteboom (1933) es, dentro del espacio literario holandés y alemán, uno de los grandes escritores de viaje. Tanto su obra ficcional como su obra de cronista están fundamentadas en el viaje, no como un recorrido lineal entre dos puntos, sino como una permanente experiencia de “desvío”, donde el llegar a un punto determinado implica
una demostración empírica de la verdad de la paradoja de Zenón referida a la imposibilidad del movimiento porque, como subrayó el famoso filósofo griego, para llegar de A a Z antes debemos alcanzar el punto medio, L, y antes el punto medio D, y así sucesivamente. El argumento de Nooteboom es aún menos alentador que el de Zenón: según su cartografía, para llegar de A a B antes debemos descubrir Z, que al parecer es inaccesible; y los placeres de la ciudad C, que permanencen difusos en nuestra memoria; y las promesas que ofrece la ciudad de W, que tal vez (o tal vez no) visitemos algún día, o nos la perdamos de manera irremediable para aterrizar en otro lugar completamente distinto (Manguel 7-8).
A partir de sus crónicas de viaje, en especial las contenidas en El desvío a Santiago (1993) y Hotel Nómada (2002), deseo esbozar cómo en estos textos se presenta un esbozo de sistemas-L, más como un esfuerzo teórico que como una posibilidad práctica.

Los sistemas-L

Planteados por Aristid Lindenmayer en 1968, los sistemas-L son “una teoría axiomática de desarrollo biológico” (Ochoa) en la cual la reescritura permanente es su gran función. Es decir, de un sistema, utilizando el ejemplo que propone Gabriela Ochoa, se puede reescribir de tal forma que b → a, y a → ab. Al comenzar con un sistema a, se pasa a un sistema b, y de ahí a un ba,

b → a → ab → aba → abaab → abaababa

y así sucesivamente, expandiéndose hacia el infinito en una serie de reescrituras. Un sistema sencillo, como el que propone David J. Wright, permite explicar la complejidad de estos sistemas:



En este sistema, la línea recta toma un desvío en la mitad de su recorrido entre los puntos A y B, función que reaparece permanentemente a través de sus generaciones. Primero es sólo un desvío. Luego aparecen más desvíos en las líneas cortadas y en la línea del desvío, y así sucesivamente hasta que la estructura pasa de ser una línea a una estructura arbórea.

El viaje como aventura filosófica
Bamyeh (36) señala que
para Nooteboom, el viaje es una aventura filosófica, cuyos destinos se presentan como preguntas abiertas antes de ser explicaciones. Y cuando un lugar es dejado atrás, no se deja atrás porque el viaje haya concluido o [el destino] haya quedado exhausto, sino porque instiga más viajes hacia otros lugares.
Una dialéctica similar entre la explicación como tal y el momento como «filosofía» se plantea en La escritura y la diferencia de Derrida, una dialéctica
entre la filosofía como poder o aventura de la cuestión misma y la filosofía como acontecimiento o giro determinados en la misma (109).
Ese «acontecimiento o giro» es, para Derrida (109), una “«filosofía» como momento y modo determinados –finitos o mortales– de la cuestión”, un momento en el espacio y en el tiempo donde la cuestión se desvía de su rumbo y, sin perder ese primer destino, se busca un segundo donde ese primer destino pueda expandirse en el mundo. En el texto “Mi cuaderno de notas y un epílogo desde Gantheaume Point (la biblioteca de Borges)”, Nooteboom relaciona los apuntes de su cuaderno (Nooteboom 2002, 189), su «memoria externa» (Nooteboom 2002, 192), con el orden de los libros que, por azar, reposaban en los anaqueles del despacho que el escritor argentino ocupaba en la Biblioteca Nacional, y con tres huellas de dinosaurio encontradas por el autor en una remota playa australiana, las cuales a su vez dirigen su memoria a “Funes el memorioso” y luego a la cuestión de lo mítico y lo ficcional en tanto perplejidad ante lo real, de
la Gelassenheit [serenidad, imperturbabilidad, placidez] heideggeriana en el Sein zum Tode (ser-para-la-muerte), el mundo como juego, como intención, como ficción o como biblioteca sin fin en la que nuestro destino, personal o universal, está escrito en los libros (Nooteboom 2002, 196),
un mundo que a su vez permite la desaparición del cuaderno de notas de Nooteboom en un autobús bonaerense, lo cual convierte a Nooteboom en el ciego Borges (Nooteboom 2002, 196). Un juego de dominó, un relato construido a partir de la caída progresiva de momentos en el espacio y en el tiempo a través de lugares y personas que, a primera vista, parecen no relacionarse.

Para Nooteboom, lo filosófico en el viaje no es solamente una búsqueda de la verdad o una hermandad de la verdad y la bondad en la belleza. Es una búsqueda de la transformación, a través del viaje, de la razón en mito y del mito en razón. Transformar a la mujer oculta tras el vestíbulo de Bangkok en el lienzo de Velásquez pintándose a sí mismo en Las meninas y a su vez en Foucault, Rembrandt y Gautier (Nooteboom 1993, 77-80). Una reconciliación de las imágenes: La mente del viajero en El buda tras la empalizada donde los ángeles de Rilke y Caravaggio se transforman en las prostitutas de una sala de masajes en Bangkok y viceversa, el juego de encontrar al ángel disfrazado en cualquier rincón de Perth. La búsqueda, nada ajena a la práctica de la filosofía, de una verdad:
Dreamings, ficciones, mitologías –escritas por un individuo o por un pueblo de antepasados anónimos– no son sino intentos de encontrar una respuesta a nuestra ininteligible presencia en un universo todavía vacío. ¿Acaso debemos llenar, conquistar este universo? ¿O tal vez el enigma que ha escrito nuestros nombres acabará por borrarlos juntamente con todo lo escrito, sin dejar rastro alguno? (Nooteboom 2002, 195)
La única solución que Nooteboom plantea para este dilema se resume en una frase: «La fotografía es sólo un recuadro, un pequeño recuerdo, yo quiero verlo todo». El verlo todo, más allá de los límites de la imagen, del signo único o de los muchos signos que convergen en una imagen o en una obra de arte, genera una imagen de mundo heterogénea. Para Nooteboom, esa imagen se convierte en un hotel imaginario que comienza en Barcelona (donde el autor escribe este hotel ficticio), pasa por Santiago de Compostela, Bali, Hawaii, Brooklyn, París y Dakar, para volver a España, sin olvidar los espacios intermedios (Portugal, Austria, Amsterdam) donde se congregan los habitantes del hotel Nooteboom (Nooteboom 2002, 207-9). Y verlo todo, convertir al mundo en un heterogéneo signo monstruoso, abyecto, donde para llegar a una cabaña en el trópico se debe subir una escalera envuelta por el otoño gallego, llegar a la habitación donde el olor del amanecer en el Atlántico senegalés se confunde con las luces de los rascacielos neoyorquinos vistas desde el otro lado del Hudson, requiere reconciliar las imágenes del mundo en el silencio de la contemplación del viajero quien, al igual que un monje, está en sí mismo sólo cuando el movimiento lo precede (Nooteboom 2002, 12).

El «verlo todo» resulta así una parte necesaria del viaje como meditación y, por lo tanto, como construcción. En palabras de Merleau-Ponty (751):
Es la obra en sí la que abre la posibilidad. [...] Cambia en sí misma y se convierte en lo siguiente; las interminables reinterpretaciones hacia lo que es legítimamente susceptible de cambiar sólo en sí misma. Y si el historiador desentierra bajo el contenido manifiesto el superávit [surplus] y la fuerza del significado, la textura que guarda la promesa de una larga historia, una activa forma de ser, entonces, esta posibilidad que él devela en su obra, este monograma que encuentra, todas son posibilidades para una meditación filosófica. Pero una labor así demanda una familiaridad con la historia. [...] Como el poder y la fecundidad del arte exceden toda causa positiva o relación filial, no es perjudicial dejar que el hombre, desde su memoria y algunas obras y libros, nos diga cómo la obra entra en sus reflexiones; cómo la obra deposita en él un sentimiento de discordancia profunda, un sentimiento de mutación hacia sus relaciones del ser y del hombre. [...] Es una especie de historia como contacto, tal vez, nunca extendida más allá de los límites de la persona, a pesar de deber todo esto al contacto con el Otro.
Este “combate”, retomando los términos de Derrida, es un combate entre la filosofía como el punto de llegada y la filosofía como el desvío. Para Nooteboom, el punto de llegada, si bien es importante en tanto posee la capacidad de aglutinar lo previo, es imposible sin el camino recorrido y todos sus desvíos. Es así como, más allá de la resemantización que implica, para mencionar sólo el caso de El desvío a Santiago, convertir el mito del camino de Santiago en un permanente desvío, ese desvío resulta obligado porque es una parte fundamental del viaje. El desvío es el viaje para Nooteboom, caótico, casi fractal:
Mi viaje se ha convertido en un desvío de desvíos complejos, e incluso me dejo apartar de estos últimos. Quizá este año ni siquiera alcance Santiago. (Nooteboom 1993, 59)
Y ese desvío no sólo se refleja en el andar geográfico de sus personajes, sino en su misma concepción de escritura, como lo menciona Mertens a partir de En las montañas de Holanda:
El autor dentro de la novela, Alfonso Tiburón de Mendoza, además de su rol de autor es inspector de caminos. Esa combinación produce en la novela una metáfora constante de la escritura como forma de ordenamiento especial. Escribir resulta, por lo tanto, ser una forma de encontrar un lugar dentro del paisaje de lo ya escrito: Una topografía. […] “Escribir es un cuestionamiento eterno de las mismas preguntas, y la filosofía parece consistir en respuestas que siempre difieren un poco, es el inventario de las respuestas”. El escritor ocupa la posición del filósofo según Lyotard: No es un constructor de sistemas, es el que cuestiona los juegos de lenguaje. (155)
El viaje como reescritura
El “desvío de desvíos”, ya en sí mismo, tiene la característica fractal de pasar de un camino trazado (digamos, el camino de Santiago entre Barcelona y Santiago de Compostela) a una serie de desvíos que se ramifican una y otra vez según los deseos del viajero. El ejemplo de El desvío a Santiago es ilustrador. Nooteboom comienza su recorrido en Barcelona, pero se desvía en las mesetas de Castilla. Se desvía de nuevo en Zaragoza, Madrid, Sevilla, Granada, Portugal y las islas Canarias para llegar, mucho tiempo después, a un Santiago que está hecho de todas las pequeñas ramificaciones de su viaje. Y, en medio de los grandes puntos de la ramificación, hay muchos más pequeños. Un libro, un monasterio, un restaurante, un camino. Y esa, para Nooteboom, es la esencia del viaje:
Quiero hacer otra vez este viaje, y también sé que ahora tampoco mantendré la línea recta, que la palabra camino nunca podrá significar otra cosa más que desvío, el laberinto eterno hecho por el propio viajero que siempre se deja tentar por un camino lateral, y por el camino lateral de ese camino lateral, por el misterio del nombre desconocido en el cartel indicador de la carretera, por la silueta del castillo en la lejanía hacia el que apenas se dirige un camino, por lo que tal vez podrá ver detrás de la próxima colina o cumbre de montaña. (Nooteboom 1993, 300)
Y esos caminos reescriben el significado del destino del viaje. Al principio de El desvío a Santiago, Nooteboom es consciente de que ese viaje no será igual a las peregrinaciones anteriores a la tumba del apóstol en Galicia (1993, 12) y, ya cuando ha llegado a la plaza de Santiago de Compostela, descubre que allí está España toda (1993, 326-7), como un fragmento en el cual la totalidad se hace presente, resignificando la plaza y convirtiendo la fractalidad del viaje en un permanente proceso de semiosis. Allí el fragmento es la totalidad, esa que no puede ser observada como el narrador de una historia la observa pero que el viajero construye a partir de los fragmentos encontrados en el camino. Ese camino que va reescribiéndose como una construcción perfectamente consciente de un desvío, y de otro, y de otro… y el camino que antes era una línea de A a B, ahora es como un árbol, con variaciones continuas de dirección según el camino y lo que aparezca en él, llevando al viajero a un continuo desvío permanente, un viaje que no acaba.

Bibliografía
Bamyeh, Mohammed A. “Frames of Belonging: Four Contemporary European Travels”. Social Text 39 (2004): 35-55.
Derrida, Jacques. La escritura y la diferencia. Barcelona: Anthropos, 1989.
Manguel, Alberto. “Moverse en un lugar: Nooteboom de viaje”. Hotel nómada. De Cees Nooteboom. Barcelona: Debolsillo, 2007: 7-10.
Mertens, Anthony. “Postmodern Elements in Postwar Dutch Fiction.” Postmodern Fiction in Europe and the Americas. Eds. Theo D’haen y Hans Bertens. Amsterdam: Rodopi, 1988: 143-159.
Merleau-Ponty, Maurice. “From ‘Eye and Mind’”. Art in Theory, 1900-1990: An Anthology of Changing Ideas. Eds. Charles Harrison y Paul Wood. Oxford: Blackwell, 1993: 749-52.
Nooteboom, Cees. Hotel Nómada. Madrid: Siruela, 2002.
---. El desvío a Santiago. Madrid: Siruela, 1993.
Ochoa, Gabriela. An Introduction to Lindenmayer Systems.
Wright, David J. Branching and bracketed L-systems.

martes, 2 de diciembre de 2008

Lady Luck

La Juana de Arco colombiana está aquí, en Buenos Aires. Se reúne en unas horas con Cristina. Me importa menos de lo que, para muchos, me debería importar, siendo colombiano y viviendo en Buenos Aires. Hace poco, buscando cosas sobre Nooteboom, encontré un artículo sobre un congreso en Brasil en el que hablaron juntos Nooteboom y Fernando Vallejo. Tan sensato como siempre, el autor de La Virgen de los sicarios habló de Jaque con estas palabras:
Es un asunto aburridísimo, que no me interesa; las FARC son una banda de narcotraficantes asesinos e Ingrid buscó su secuestro, fue a la región dominada por la guerrilla contra todas las advertencias que se le hicieron por su seguridad. Ella consiguió lo que buscaba, estar en la prensa de todo el mundo. ¿Qué importancia tiene que liberaran a una gente como ésa? Ninguna.
En realidad, Ingrid es el figurín de la violencia en Colombia. Es el rostro perfecto: Hija de una familia con influencias, con dos pasaportes, con un movimiento político sin éxito y simbología hilarante, no era raro que se convirtiera en la nueva Juana de Arco para los franceses, tan afectos a las causas ajenas y, de forma irónica, tan racistas y cafres con los extranjeros que llegan a su país. Seguramente si Ingrid no tuviera el pasaporte que dice "Republique Française" y fuera tan colombiana como, digamos, yo o mi novia o mis amigos o usted, a los franceses les importaría tanto como cualquier Lamine o Khaled o Samira que camina por algún arrondisement.

Hoy todos los noticieros en Argentina hablarán de Ingrid. Algunos colombianos se reunirán, supongo, en Plaza de Mayo para recibirla. A mi me puede pasar al frente.

lunes, 1 de diciembre de 2008

La memoria

Se me borró toda la memory card. Si, lo oyeron, to-da. Fotos de puertas, graffitis, panorámicas, y cosas pequeñas que me interesaban: dead and gone. Y no crean, esas cosas no son de "no me preocupo, its all in your mind" ya no existen. El hombre, hoy en día, necesita registros externos de su memoria. Diarios, blogs, memory cards, CDs, DVDs, hasta el disco de oro que recorre el universo en el Voyager... la memoria es tan frágil como (aquí viene el chiste forzado) un jarrón Ming en una columna delgada.

A mi me encanta la frase de Men In Black "reconocible sólo como un 'tal vez te vi'". A mi me pasa eso muchas veces. Veo a alguien y lo recuerdo vagamente, como una palabra o una imagen difusa, la cual se va construyendo a posteriori. Es fácil, vas anotando lo que ves. Y no como un párrafo o una entrada larga de blog. Es una serie de palabras. ¿Qué hay en mi mente ahora? Veamos:

Protestas, un medidor de ruido gigante, lluvia, Kanye West, tos, risotto, facturas, influencia extranjera en la comida argentina, caca de perro, cúpulas, the uncanny melt of ancient and modern, tabaco, el subte, "Macri nazi", un graffiti sobre Heidegger, el árbol de Deleuze, Rushdie, postcolonialismo, corralito, Malvinas.

Y así, en pequeños pasos, uno va armando las historias. Va uniendo esas palabras y creando significados más y más grandes, menos sólidos que la simpleza de una palabra o una imagen, pero más acordes a la contemporaneidad.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Ironic

Me resbalé hoy con un bollo de mierda muy grande.

Hoy un grupo presentó una campaña contra la caca de perro.

Hoy me regañaron en el subte.

Aparentemente eso no tiene nada que ver con el viaje, pero creo que muestra las ironías de la cultura ciudadana en Buenos Aires. Iba, como siempre, desde la casa hasta Uriarte (y, por física pereza de aprenderme las rutas, prefiero caminar un poco más desde Santa Fe y Jorge Luis Borges hasta Uriarte y Honduras), y cuando me dirigía hasta la puerta del subte, un tipo me regañó por dirigirme hacia la puerta antes de que se abriera. Entendible, aunque todavía conservo las características de montar en Transmilenio y, cual jugador de rugby en medio de un maul horrible (cabe anotar, he visto demasiado rugby aquí), uno se apresta a bajarse en la estación de la 45 cuando recién están cerrando las puertas en Marly.

Lo raro es que aquí, cuando uno camina, no puede dejar de andar con los ojos en el piso para no toparse con un bollo. Todo el mundo tiene perros aquí, pero el concepto de bolsa y pala no existe. Además, a diferencia de Bogotá, donde las aceras casi siempre tienen una franja de pasto donde los dueños de perros desconsiderados tienen la posibilidad de dejar a su perro hacer sus necesidades allí y uno es consciente de ello, aquí es difícil encontrar franjas de pasto en las aceras. Y, vaya sorpresa, uno no encuentra desperdicios de perro en los espacios donde están los árboles. Todos están en la calle. A la gente le molesta, pero no importa. Nadie hace nada.

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viernes, 28 de noviembre de 2008

Primera semana

Ya me perdí, ya vi graffitis, ya comí pizza, ya me volví loco en librerías de cadena y en pequeñas librerías que hay en prácticamente todos los barrios. Creo que, salvo cuando estoy con colombianos, no utilizo ya el "usted". Pero a su vez me sorprende la crítica constante de los argentinos. Protestan por todo. Cuando estuve en Plaza de Mayo el martes, había una protesta que llevaba varios meses. Eran soldados veteranos de las Malvinas que buscaban, como el coronel en la novela de García Márquez, que se les reconociera la pensión. A cada rato uno escucha y mira en las paredes (los porteños son maestros en el graffiti, tanto de protesta como de intervención) que Cristina esto, que Macri lo otro, que los Kirchner tal... Y, en parte, la protesta, como decía Jorge Moscato el martes, se convirtió en parte del paisaje. De hecho, él no pudo llegar porque ese día había una manifestación en camino a la casa donde trabajamos en Palermo, y era (¡ríanse!) una manifestación a favor del intercambio humanitario en Colombia. Además, que Buenos Aires sea un melting pot no ayuda mucho. Puede haber protestas en la embajada turca para conmemorar el holocausto armenio, y protestas en la embajada turca para reclamar por la independencia kurda.

En la UBA eso es notorio. Hemos estado en el campus de Puán (Filosofía y Letras), e ir a un baño o simplemente caminar por ahí es, para un bogotano, ineludiblemente parecido a la Nacional. Desde una imagen relativamente grande de cuerpo entero de Mao Zedong, pasando por una crítica al tren bala que los Kirchner quieren construir entre Capital Federal y Rosario (una hora de distancia en carro según Mariana) usando a Lyle Lanley (el célebre vendedor de monorrieles en Los Simpsons), hasta el uso de Blinky (si, el pez de tres ojos que nada en las aguas cercanas a Springfield) para protestar contra la papelera de Botnia en Uruguay.(Nota: Aquí les encantan Los Simpsons. He visto por lo menos tres referencias al programa, ninguna de Homero, en lugares distintos de la ciudad. Se explica, creo, porque todos los fines de semana dan maratones de cinco horas seguidas, con pocas propagandas)

La queja, desde la crisis, es uno de los deportes básicos de los argentinos. Yo, como extranjero, veo el lado bonito. Y sé que hay vainas en Argentina que son una mierda. A uno de los amigos que vive aquí lo atracaron hace poco. Al grupo que iba para La Boca (que, aunque ustedes en Colombia no lo crean, es bastante inseguro) les tocó huir en colectivo cuando vieron a un grupo de niños de quince años máximo dispuestos a atracarlos con toda. Cuando dijeron eso al grupo del PEI, Carlos dijo que eran de los más peligrosos (no dejo de pensar en que los sicarios de Medellín en los ochenta tenían la misma edad). No recuerdo bien cuando, pero hace poco leí de una alemana que robaron en Mendoza y que no fue atendida por los policías hasta una hora después, lo que causo una nota consular de protesta. Y aquí en Recoleta, hace no muchos días, una niña que iba por gaseosas a un quiosco fue violada. Es irónico. Pero, con todo y eso, esta ciudad tiene cosas muy valiosas.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

The Tourist

No sé, pero cada vez me siento menos turista. No he visto ningún estadio de fútbol (a pesar de que mis amigos me han implorado que vaya. En parte, no voy para no darles el gusto, y en parte, porque no he tenido tiempo), apenas fui a Plaza de Mayo hoy (y aproveché para ir a Puerto Madero, donde estaba uno de los landmarks de mi viaje: el Puente de la Mujer de Santiago Calatrava), no he comido carne y no he tomado mucho vino.

Para mi, viajar es algo distinto. No es sólo ir a lo que dicen las guías turísticas (puedo decir, con nada disimulado orgullo, que a ninguno de los extranjeros que he guiado por Bogotá he llevado a Andrés Carne de Res), sino buscar realidades que están, no en un lugar hecho para turistas donde están todos los íconos de un país (una Disneylandia turística), sino en los lugares más inesperados. La identidad de un lugar está en todos sus lugares, desde el Burger King hasta la parrilla, desde el Starbucks hasta el café de barrio... Y el viajero tiene que unir todos esos significados.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Why Write?

En últimas todo son fragmentos. Las grandes totalidades que siempre se piensan no son más que simples uniones, no siempre sólidas, de una multitud de fragmentos. Como Nueva York, como Buenos Aires, como Londres. Cruzas una cuadra y sabes que estás en otro mundo sin dejar de salir de este. You're out, and you're in. O, tal vez, como David siempre insiste al hablar del uncanny, no estás en ningún punto y estás en ambos a la vez. Estás en una frontera, cruzando el río Bravo como los inmigrantes ilegales que buscan el sueño americano. Pero es una frontera mental. O cultural.

Shibboleth, Doris Salcedo, 2007-08, Tate Modern


"Estos cuadernos contienen mis pensamientos in statu nascendi, fragmentos de reflexiones que se adelantan las unas a las otras, asociaciones, inscripciones, formulaciones instantáneas, ideas, descripciones, en ocasiones escritas con tanta premura o en condiciones tan arduas (barcos, trenes, que resultan confusas".
(Cees Nooteboom. "Mi cuaderno de notas y un epílogo desde Gantheaume Point (la biblioteca de Borges)". Hotel Nómada. Madrid: Siruela, 2002: 191)

Parte de escribir las fronteras es descubrir todos esos fragmentos y unirlos. Pero la unión nunca debe ser sólida ni inmediata. Ella sola se revelará como siempre ha ocurrido: En cultura, en arte, en mestizaje, en el cambio de una calle.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Travelling Without Moving

Lima (Aeropuerto Jorge Chávez)
El viaje no comienza cuando llegas al destino. Eso lo aprendí de Nooteboom (y hablando de relativos, ¿por qué Nooteboom no habla tanto de aeropuertos? Allí empieza todo). En realidad, a Nooteboom sólo le importa llegar a Santiago porque ese es el centro espiritual de España, pero Santiago como tal es tan relevante como, digamos, la exposición de Zurbarán en París sobre la cual Nooteboom basa su espléndido ensayo sobre el pintor español.


Virgen niña, Francisco de Zurbarán

lunes, 17 de noviembre de 2008

Empty spaces

1. «Los meses y los días son viajeros de la eternidad. El año que se va y el que viene también son viajeros. Para aquellos que dejan flotar sus vidas a bordo de los barcos o envejecen conduciendo caballos, todos los días son viaje y su casa misma es viaje».
(Matsuo Basho, Sendas de Oku)
2. El aeropuerto, el primer lugar donde uno es realmente consciente del viaje, es una tierra de nadie. Duraré, creo, ocho horas en el aeropuerto de Lima. No podré salir del muelle internacional, y si bien estoy en Perú, no manejaré soles en todo el viaje. Dudo que vendan leche Gloria en el duty free, o que pueda comprar Sublimes o D'Onofrios, o todos esos estereotipos alimentados por una lejana pero no difusa penetración de la cultura peruana cuando era niño. Es un lugar donde todos se cruzan, la zona de contacto por excelencia. Ya entiendo por qué Hergé quería hacer Tintín y el Arte-Alfa en un aeropuerto.

Listener supported: Kelly Watch the Stars (Air)

lunes, 3 de noviembre de 2008

This is the start of a journey

Could a historiographer drive on his history, as a muleteer drives on his mule,—straight forward;——for instance, from Rome all the way to Loretto, without ever once turning his head aside, either to the right hand or to the left,——he might venture to foretell you to an hour when he should get to his journey’s end;——but the thing is, morally speaking, impossible: For, if he is a man of the least spirit, he will have fifty deviations from a straight line to make with this or that party as he goes along, which he can no ways avoid. He will have views and prospects to himself perpetually soliciting his eye, which he can no more help standing still to look at than he can fly; he will moreover have various

Accounts to reconcile:
Anecdotes to pick up:
Inscriptions to make out:
Stories to weave in:
Traditions to sift:
Personages to call upon:
Panegyricks to paste up at this door;

Pasquinades at that:——All which both the man and his mule are quite exempt from. To sum up all; there are archives at every stage to be look’d into, and rolls, records, documents, and endless genealogies, which justice ever and anon calls him back to stay the reading of:——In short there is no end of it

(Laurence Sterne. The Life and Opinions of Tristram Shandy, Gentleman. Book I, Chapter XIV)

Listener supported: Behind The Sun (The Good, The Bad, and The Queen)